jueves, 3 de diciembre de 2009

Experiencias compartidas

Miércoles 2 de diciembre. Me levanto temprano, siento un nudo en mi estómago y no quiero probar bocado. Desayuno unos mates, llego a la facultad entre la llovizna, es el momento de comenzar los preparativos con mis compañeras de la organización. Es que llegó el día, al fin, la Jornada que preparamos buscando propiciar el intercambio de experiencias, que puedan fluir los discursos, las ideas, las preguntas.
Es el día que, como otras compañeras, debo enfrentar mi temor, y hablar ante un auditorio bastante amplio, por primera vez. Más de cien personas ante mí, y obviamente debo utilizar un micrófono…muchísima ansiedad, desde temprano, pasan varias horas hasta que llega el momento. El corazón parece salirse del pecho, pero intento transmitir algo de mi experiencia, salen las palabras de mi boca, va transcurriendo mi exposición, me dicen luego que se entendió (algo que me preocupaba bastante), parece ser bien recibida.
Hoy, jueves, advierto que me quedé pensando y que siguió girando en mi cabeza, algo de lo que nuestra invitada, María Rita, nos decía…
No es tan simple abordar la temática de lo uno, de lo otro. En cada uno de nosotros está presente justamente eso, lo “uno”, aquello mediante lo cual nos definimos (o creemos, o elegimos hacerlo), lo que nos es propio. Por otro lado, en nosotros hay una “otredad”, o una “ajenitud”, ¿podré decirlo así? Cosas ocultas en lo más profundo, las cuales difícilmente conseguiremos traer a la luz. O quizás se manifiestan sin advertirlo, en el acto fallido más simple o en el soñar. Esto se repite en nuestros semejantes, en cada “otro” podemos reconocer algo ajeno y algo de lo propio, como en un espejo… ¿será un espejo con un trasfondo, con una parte opaca, que no es capaz de reflejarnos por completo? Acaso lo que percibimos como totalmente distinto no nos es ajeno por completo, acaso en él podemos reconocer algo de lo uno…ser contradictorio es el ser humano…
También me quedo rumiando otra cuestión. Tal vez no es inconveniente ignorar el motivo de nuestra inclinación hacia, por ejemplo, abordar la temática de la locura…resulta ser que no por bondad uno quiere acercarse al manicomio, uno no sabe por qué pero tiene ganas de bancarse “eso”, de escuchar a alguien a quien tal vez no podamos entender (al menos en principio), pero que está ahí buscando algo y en el mejor de los casos podremos ser quienes brindemos artificios, espacios que alojen, no que controlen, para que esa persona encuentre algo para sí. Que pueda crear, hablar, sentir, ser. Que en todo acto se juega el deseo, acaso eso mismo sea lo que define mi inclinación a Terapia ocupacional en salud mental…o podré seguir buscando la explicación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario