jueves, 3 de diciembre de 2009

Experiencias compartidas

Miércoles 2 de diciembre. Me levanto temprano, siento un nudo en mi estómago y no quiero probar bocado. Desayuno unos mates, llego a la facultad entre la llovizna, es el momento de comenzar los preparativos con mis compañeras de la organización. Es que llegó el día, al fin, la Jornada que preparamos buscando propiciar el intercambio de experiencias, que puedan fluir los discursos, las ideas, las preguntas.
Es el día que, como otras compañeras, debo enfrentar mi temor, y hablar ante un auditorio bastante amplio, por primera vez. Más de cien personas ante mí, y obviamente debo utilizar un micrófono…muchísima ansiedad, desde temprano, pasan varias horas hasta que llega el momento. El corazón parece salirse del pecho, pero intento transmitir algo de mi experiencia, salen las palabras de mi boca, va transcurriendo mi exposición, me dicen luego que se entendió (algo que me preocupaba bastante), parece ser bien recibida.
Hoy, jueves, advierto que me quedé pensando y que siguió girando en mi cabeza, algo de lo que nuestra invitada, María Rita, nos decía…
No es tan simple abordar la temática de lo uno, de lo otro. En cada uno de nosotros está presente justamente eso, lo “uno”, aquello mediante lo cual nos definimos (o creemos, o elegimos hacerlo), lo que nos es propio. Por otro lado, en nosotros hay una “otredad”, o una “ajenitud”, ¿podré decirlo así? Cosas ocultas en lo más profundo, las cuales difícilmente conseguiremos traer a la luz. O quizás se manifiestan sin advertirlo, en el acto fallido más simple o en el soñar. Esto se repite en nuestros semejantes, en cada “otro” podemos reconocer algo ajeno y algo de lo propio, como en un espejo… ¿será un espejo con un trasfondo, con una parte opaca, que no es capaz de reflejarnos por completo? Acaso lo que percibimos como totalmente distinto no nos es ajeno por completo, acaso en él podemos reconocer algo de lo uno…ser contradictorio es el ser humano…
También me quedo rumiando otra cuestión. Tal vez no es inconveniente ignorar el motivo de nuestra inclinación hacia, por ejemplo, abordar la temática de la locura…resulta ser que no por bondad uno quiere acercarse al manicomio, uno no sabe por qué pero tiene ganas de bancarse “eso”, de escuchar a alguien a quien tal vez no podamos entender (al menos en principio), pero que está ahí buscando algo y en el mejor de los casos podremos ser quienes brindemos artificios, espacios que alojen, no que controlen, para que esa persona encuentre algo para sí. Que pueda crear, hablar, sentir, ser. Que en todo acto se juega el deseo, acaso eso mismo sea lo que define mi inclinación a Terapia ocupacional en salud mental…o podré seguir buscando la explicación.

miércoles, 21 de octubre de 2009

La integración empieza por casa.

Comparto con uds. un escrito de Liliana Paganizzi. Ojala les guste y sirva para pensar algunas cuestiones.

Los terapistas ocupacionales hemos ido ganando un espacio en los equipos. El primer lugar de reconocimiento sin duda tiene que ver con que “somos hábiles con las manos”, luego que Terapia Ocupacional es “el lugar donde los pacientes hacen cosas con las manos”. Esto es tan cierto como que escribo con la mano y camino con los pies. Pero en esta actividad, escribir, con mi mano, también esta la languidez, que luego fue dolor de cuello, está el pensamiento y las ideas en el qué y cómo escribirlo, está el para qué y el destino de lo escrito, que produce por cierto una emoción diferente a escribir una postal de vacaciones.

El qué hacer, cómo y para qué son interrogantes que aparecen en Terapia Ocupacional, abriendo múltiples espacios. Espacios donde el paciente podrá reconocerse o descubrirse en la relación con el material, el terapista, el grupo.

El material, esencia de la actividad, aparece como otro, distinto al sujeto, con un lenguaje propio, particular de lo inanimado, el material puede ser explorado, tocado, modificado.

En esta modalidad suelen aparecer propuestas inalterables, inalterables en tanto se quiera concretar una idea. La cerámica plantea un tiempo de secado que no es alterable por la posible ansiedad del que haya modelado. El tiempo externo se impone, se construye una pequeña historia, el ayer es distinto al hoy, aparece “¿cuánto tiempo tengo que esperar?”, “ ¿cuánto tiempo puedo esperar?”, “¿cuál es mi tiempo de espera?”. En relación al terapista puede aparecer cierta demanda: “¡Mire que quiero regalársela a mi hija esta tarde!”. El terapista puede conocer el tiempo de esa arcilla y a través de ella cómo juega el tiempo del paciente. En este juego de tiempos y diálogos, aparecen los monólogos: una pieza recién barnizada es llevada por una mano que chorrea barniz, por un cuerpo rígido de un sujeto que no puede esperar. Estamos tomando solo un aspecto del interrogante ¿cómo? Cómo interviene la función tiempo, tiempo propio, interno, y tiempo ajeno.

Aparece también la relación con el espacio, el espacio geográfico para ser ocupado, recorrido o ganado por la propia motilidad. La motilidad es un espacio propio para la modificación de materiales: de trozo de cuero a billetera, de trozo de madera a caja. Aparece nuevamente el dialogo, si antes miramos la función tiempo, ahora podemos mirarlo en términos de demandas motoras: fuerza en el sujeto y resistencia en la madera, control de la fuerza en tanto si es poca la madera no es cortada, si es mucha el material se rompe, el serrucho se traba.

La caja terminada, la billetera, la vasija seca plantean la distancia o cercanía entre lo que pensaba hacer y lo que realmente ha podido. La distancia entre la realidad interna y externa. La actividad es un medio, y a la vez un lugar generador de formas de expresión, comunicación y aprendizaje. Aprendizaje en tanto el paciente pueda conocer o reconocer algo de sí mismo. En este proceso interviene el terapista, observador y partícipe, haciendo una lectura de estos diálogos preguntando, interviniendo desde la palabra o desde la técnica, ofreciendo material para abrir el campo de la experiencia.

Así, pensar que en la realización de una actividad, en la construcción de un objeto concreto intervienen solo las manos del paciente seria tan ingenuo como pensar, que, cuando en otra época, el novio “pedía la mano” de la novia, el padre entregaba sólo la mano.

Si la “ buena integración empieza por casa” el planteo es que el paciente no “hace” en un lugar, “siente” en otro y “piensa” en los grupos psicoterapéuticos, sino por el contrario se juega un sujeto en su totalidad en todos los espacios posibles de ser abiertos por un equipo interdisciplinario.

En esa totalidad como sujeto, el paciente traerá maneras particulares, primacías de algún lenguaje como forma de expresar lo que le pasa.

Llega a la Institución, Psicoterapéutica, cuando ese soliloquio corporal, esa manera particular de lenguaje ha sufrido alguna ruptura. Desde un intento de suicidio, una crisis maníaca, una depresión intensa aparece una historia de 15 años de asma, 10 de jaquecas, no suele ser entonces éste el motivo de su llegada, sino aquel, el de la ruptura. Desde ahí empezamos: “yo con las manos no sé hacer nada”, “dígame qué hacer”, “¿qué puedo hacer:”, “¿qué quiero hacer?”, sí, también con las manos.

jueves, 15 de octubre de 2009

Pensando la Etica profesional II

1a alternativa. La T.O. se opone a la decisión del Director y renuncia... ¿Se resuelve con esto el problema?

2a alternativa. La T.O., aunque no está de acuerdo, no lo expresa y continúa trabajando en la institución, acatando la orden del Director.

3a alternativa. La T.O. se opone a la decisión del Director, y plantea una propuesta de trabajo que intente dar una salida al problema: trabajar en el espacio de T.O. con los residentes y sus supuestos inconvenientes y conductas contestatarias frente a algunas dinámicas institucionales. Los objetivos serían tratar de evitar conflictos con el personal, y que las personas no dejen de asistir a T.O.
Aquí se pone de manifiesto una profesional virtuosa; podemos decir que deja de lado la mediocridad. Como oposición a la mediocridad tenemos la excelencia; la misma se presenta como responsabilidad frente a la sociedad y como compromiso por el crecimiento de la profesión. Esto iría en consonancia con lo que afirma Cortina, sobre lo apropiado de “universalizar la aristocracia” a las profesiones, haciendo referencia a intentar “ser los mejores”.
Como decíamos más arriba, el logro del bien interno es un bien para toda la comunidad que participa en la práctica; en este caso la comunidad estaría representada por los residentes, por el personal y por la Dirección de la institución.

Conclusión.
Acerca del proceder de la t.o. en la primera y la segunda alternativa, podemos decir que aunque no lo juzguemos como éticamente correcto, actuó como persona autónoma; tomó su decisión y se apropió de sus propias posibilidades. Tomó uno de los caminos posibles.
De los profesionales se espera que no ejerzan sólo por afán de lucro, aunque la tendencia hacia los fines externos es condición humana. No es posible rechazarlos sin caer en la hipocresía (Cortina).
Las prácticas son actividades compartidas que presuponen el ejercicio de virtudes; las encontramos en la tercera alternativa. Sin virtudes, las prácticas sucumbirían ante el poder corruptor de la institución. Ello queda demostrado cuando la t.o. piensa en el bienestar de las personas que atiende, y no se deja llevar por directivas que no corresponden con los fines de la propia profesión, tratando de mantener a la vez la armonía en su lugar de trabajo.
Queda para el análisis de cada uno, pensar en cuáles son las virtudes que se pueden encontrar en la situación presentada, y qué otras alternativas o cursos de acción podría seguir la t.o. de este caso.

Bibliografía.
• Brussino, Silvia. “Ética de las virtudes y práctica de la medicina” en Oscar Garay; “Responsabilidad moral de los médicos”.
• Cortina, Adela (1999). “Universalizar la aristocracia. Por una ética de las profesiones”; Asociación de bioética fundamental y clínica; Madrid.
• Amado, B.; Centis, M.; D’Angelo, M.S. (2008). Trabajo Final de la Cátedra “Ética Aplicada”. UNL, FBCB, Escuela Superior de Sanidad, Lic, en Terapia Ocupacional. Santa Fe

lunes, 12 de octubre de 2009

Pensando la Ética profesional.

La Dirección de una reconocida y prestigiosa institución privada, prestadora de servicios de Salud Mental, establece: “Ante conductas de los residentes que expresen una negativa a compartir prendas, y a no poder opinar sobre los menús diarios, se les impondrá como castigo la prohibición a concurrir y/o participar en Terapia Ocupacional”. La terapista ocupacional (t.o) difiere con esta medida, pero si lo plantea corre el riesgo de perder su trabajo y con ello su salario. Por otro lado si no manifiesta su posición considera que iría en contra de los fines de la profesión.
En relación a este caso: ¿Qué alternativas puede tomar la t.o.? Se presentan algunas alternativas posibles.


Toma de decisiones:
En el momento de tomar decisiones en el campo profesional, ponemos en juego un esquema de referencias valorativas sobre el cual jerarquizamos y establecemos prioridades, en ello comprometemos nuestra integridad personal. El cuestionamiento es tanto más acuciante cuando las decisiones técnicas afectan seriamente a otras personas o a la sociedad. No existe, por tanto, actuación profesional neutral en la que sólo se juegue la eficiencia del “saber hacer”: las decisiones técnicas son siempre y al mismo tiempo, decisiones éticas. Todo saber constituye un poder, y el poder es esencialmente ético por cuanto se origina en la libertad humana.

1ra alternativa. La T.O. se opone a la decisión del Director y renuncia... ¿Se resuelve con esto el problema?
Podemos notar que la t.o. presenta un doble discurso. No acepta la situación pero, al mismo tiempo, permite que se perpetúe en el tiempo.
Terapia Ocupacional, como disciplina perteneciente al campo de la salud, posee fines internos, ligados al bien de la persona. En el caso referido, al renunciar la t.o. a la institución no se produce ningún beneficio, porque el logro del bien interno es un bien para toda la comunidad que participa en la práctica.

2da alternativa
. La T.O., aunque no está de acuerdo, no lo expresa y continúa trabajando en la institución, acatando la orden del Director.
Podemos advertir que la t.o. deja de lado el fin de la profesión…Cumple con una ética de mínimos, prioriza el cumplimiento de la orden, pensando a la vez en sus propios intereses…Ligamos la elección de esta alternativa a la consecución de unos bienes externos a la profesión.
Dichos bienes externos (el dinero, el prestigio, reconocimiento social) vienen dados con el desempeño de una práctica, pero no son los que le dan sentido a la misma. No se puede decir que no sea correcto alcanzarlos, pero no se los debe poner por encima de los bienes internos. Cuando esto sucede, se pierde la meta, los profesionales se corrompen, perdiendo la práctica legitimidad social. En palabras de MacIntyre: La raíz última de la corrupción reside en estos casos en la pérdida de vocación, en la renuncia a la excelencia.

...Continuara...

domingo, 4 de octubre de 2009

Una experiencia desmanicomializadora, desde Frente de Artistas del Borda

Luis Parente , (integrante del Frente de Artistas, ya fallecido siempre decía: “ el hospital es como una boca grande que te traga, viste…”. Y es verdad, a medida que se entra y se recorrer sus pasillos pocas veces limpios y muchas veces sucios, con ventanas oxidadas sin vidrios o con vidrios rotos, y mas pasillos, muchos pasillos con cuerpos que caminan o extremadamente quietos, de horas vacías, de caras pálidas, tristes, sin vida.

Las voces acalladas se levantan
Desde el silencio oscuro del Hospicio
Una voz que se escucha poco a poco
Con más vocación.
Acompañados con voces y canciones
desde adentro como un grito
Aquí estamos!
no callemos aunque nos hagan callar
sólo encalla el barco en el mar.

LAS VOCES ACALLADAS, de Rafael Arévalo

viernes, 2 de octubre de 2009

Sobre el abismo...


Jardines de calma feroz, un sol de infinita paciencia.
Los locos cantan la canción y aplauden; se acercan de a uno o de a dos, se va formando una ronda.
Una enfermera gritona imita una estrella de rock.
Se ríen y del paredón el eco aplaude contento.
El viejo dice que esta bien, vamos adentro.
Andrés, vení, por favor, acompañame un poquito, dice uno, sólo dame la mano.
Muy despacito, sobre el abismo, volaré...
Abajo el sol, abajo el sol yo ver.
Abajo el sol, abajo el sol, llover…

(Muy despacito. Andrés Ciro Martínez- Los Piojos)

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Reflexiones en torno a la Terapia Ocupacional y la Salud Mental, segunda parte.

¿Qué lugar le cabe a T.O. dentro del abordaje de personas con padecimiento psíquico? Sostengo y estoy convencida de que no podemos encontrar respuestas unificadas a estas preguntas, y es más que aceptable que así sea…esto da cuenta de la pluralidad de formas de hacer T.O. que existen. Personalmente sólo voy a intentar clarificar y compartir mi punto de vista, comenzando por revisar sucintamente la historia.
Sabemos que desde tiempos remotos existe una vinculación entre la ocupación y el tratamiento de la locura, que el trabajo ha sido sinónimo de salud, y concepciones como éstas continúan subsistiendo en el discurso de personas del campo de la salud mental, y también ajenas al mismo.
Además de lo dicho, existen antecedentes ya en el siglo XVII de institucionalización, de encierro. Me refiero al Hospital General de París, donde todo lo “anormal” y “lo que no se adecuaba” a la sociedad de ese tiempo era allí recluido, como objetos que no querían ser vistos: los locos, los leprosos, los adictos. Se utilizaban prácticas totalmente deshumanizantes (por ejemplo, la reclusión en mazorcas, las torturas) como forma de ejercer poder y control sobre el internado, destruyendo de este modo en forma sistemática la identidad, la subjetividad y la dignidad humana.
Posteriormente a la Revolución Francesa, aparecen los primeros intentos de humanización en el trato de las personas internadas en asilos, a través del llamado Tratamiento Moral, propuesto por Pinel.
Luego de este brevísimo recorrido histórico, y realizando un análisis de las prácticas actuales referidas a la salud mental, creo que en algunas de las instituciones de corte manicomial se habla y se declara tener buenas intenciones, a la vez que se intenta, realizar una transformación y sustitución de esta lógica, proponiendo caminos alternativos. De todos modos la antigua concepción de tratamiento se introduce en los intersticios de todas las prácticas, también en T.O., subsistiendo una práctica reproductora de lo instituido, que coexiste con una práctica transformadora.
De todos modos, no está de más aclarar que nunca es suficiente el hacer una mera declaración de buenas intenciones. Lo que posibilita algún tipo de clínica, o en última instancia una aproximación a la cura, son las prácticas de profesionales comprometidos no sólo con una ideología y unas concepciones determinadas, sino con un accionar sustentado por las mismas.
Pienso que en varias de las instituciones a las que me vengo refiriendo, sean públicas o privadas, se realizan tratamientos de psiquiatría y no de salud mental, si consideramos esta última en términos de Emiliano Galende.
El autor afirma que la Salud Mental “forma parte de las condiciones generales del bienestar” y que su objeto es social-histórico, volcado a los “valores positivos de salud mental, en que las mismas enfermedades pueden ser pensadas o explicadas”.

Referíamos que en el imaginario de profesionales de la salud, familiares de pacientes y sociedad en general, la Terapia Ocupacional viene a ocupar a los locos para que no molesten, para que hagan algo útil, para que estén entretenidos, para llenar sus horas faltas de sentido dentro de la institución…en este punto me detengo. ¿Acabamos de decir horas faltas de sentido? ¿No le cabría en este punto un lugar a T.O.? Desde mi poca experiencia y mis siempre insuficientes conocimientos en el área, considero que ofrecer un tiempo y un espacio donde sea posible para alguien un hacer significativo y significante, y un hacer con otro, posibilita para la persona con padecimiento psíquico empezar a elaborar algún nuevo sentido, y esto ya es un indicador de salud, lo que ya se presentaría como un hecho terapéutico, una instancia donde se alivia o se comienza a aliviar algún malestar. Quiero aclarar que en T.O. no basta hablar sólo de trabajo con o sobre la actividad, porque también nos dice algo su falta, la “no acción”... Hay un conflicto latente cuando la persona no elige realizar lo que comúnmente disfruta hacer, o cuando no puede diferenciar qué es lo que le gusta.
La persona con psicosis presenta la dimensión del sentido de su vida como una problemática; no comprende las creencias de los otros, ni sus formas de vida. Por lo tanto, lo que tiene ante sí mismo sólo es un vacío atemorizante. En palabras de Bélanger, “Tarde o temprano esta búsqueda de fundamento lo conducirá a una explicación delirante que se ubicará como fundamento de su existencia y que, más que nada, lo aislará, excluyéndolo del cuerpo social”.

En circunstancias de Práctica Profesional en Salud Mental (cátedra de la Lic. en T.O.), me tocó abordar a un joven en un centro de rehabilitación psicosocial. Al momento de la derivación lo único que sabía de él era su nombre y que tenía diagnóstico de esquizofrenia. Entonces procuré acercarme a él, progresivamente fui preguntándole sobre sus vínculos, sobre qué le gustaba hacer, cómo se sentía en la institución... y lo demás deviene en el tiempo, acompañando cada momento, cada actividad, a veces preguntando y escuchando con atención sus pocas palabras. Así poco a poco el terapista ocupacional (en este caso practicante) se puede ir aproximando a ese otro mundo, tan distante a veces, que es la otra persona. Pero este proceso que tan simple parece al ponerlo en palabras, se vuelve complejo y más aun al tratarse de una primera aproximación a una practica clinica de T.O. en el area de salud mental, con un sujeto con padecimiento psíquico(corría el año 2007 y el cuarto año de mi carrera).
Por supuesto que personalmente pude aprender muchas cosas, entre otras, a ser paciente cuando de respetar los tiempos de otro se trata. Ese otro que a veces mal llamamos “paciente”, creyendo que nos posicionamos frente a quien debe tener una actitud pasiva y hacer con devoción y sumisión todo lo que se le diga… Hace falta someter a revisión viejos conceptos hegemónicos que aun hoy rigen en el ámbito de la salud...
Frente a esta realidad, no creo que los terapistas ocupacionales debamos ser la excepción; por el contrario, afirmo que tenemos la responsabilidad de tomar un compromiso por la dignidad y la ciudadanía de las personas con las que trabajamos. En este sentido, nuestras tareas pueden ser diversas... acompañar, escuchar, brindar espacios, dar apoyo, esperar, respetar silencios, tiempos... todo esto, y más, nos podemos encontrar haciendo en la práctica diaria.
Otro aprendizaje representó el descubrir que es preciso dejar de lado ciertas expectativas propias, porque a mi criterio el norte en el tratamiento son las necesidades y demandas del sujeto que acude a nuestra propuesta como modo de aliviar su sufrimiento.


En el sinuoso sendero de la T.O. cada quien hará su recorrido, transitado en compañía, y a la vez, de manera singular. Esto es así, a mi criterio, tanto para profesionales como para las personas con las que éstos trabajen.
En dicho sendero nos acompañarán nuestras dudas, tal vez más preguntas que certezas, nuestros conocimientos, por qué no nuestras invenciones, esa cuota de lo inesperado e indudablemente nuestro entusiasmo… Yo particularmente agregaría vocación por acompañar lo singular, lo cotidiano, lo que no siempre se puede nombrar o poner en palabras, lo no siempre dicho.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La puerta. Eduardo Galeano


A Carlos, que después de esta historia, ya en plena democracia, volvió a prisión por el delito de ser periodista.

En una barraca, por pura casualidad, Carlos Fasano encontró la puerta de la celda donde había estado preso

Durante la dictadura militar uruguaya, él había pasado seis años conversando con un ratón y con esa puerta de la celda número 282. El ratón se escabullía y volvía cuando quería, pero la puerta estaba siempre. Carlos la conocía mejor que la palma de su mano. No bien la vio, reconoció los tajos que él había cavado con la cuchara, y las manchas, las viejas manchas de la madera, que eran los mapas de los países secretos adonde él había viajado a lo largo de cada día de encierro.

Esa puerta y las puertas de todas las otras celdas fueron a parar a la barraca que las compró, cuando la cárcel se convirtió en shopping center. El centro de reclusión pasó a ser un centro de consumo y ya sus prisiones no encerraban gente, sino trajes de Armani, perfumes de Dior y videos de Panasonic.

Cuando Carlos descubrió su puerta, decidió quedársela. Pero las puertas de las celdas se habían puesto de moda en Punta del Este, y el dueño de la barraca exigió un precio imposible. Carlos regateó y regateó hasta que por fin, con la ayuda de algunos amigos, pudo pagarla. Y con la ayuda de otros amigos, pudo llevarla: más de un musculoso fue necesario para acarrear aquella mole de madera y hierro, invulnerable a los años y a las fugas, hasta la casa de Carlos, en las quebradas de Cuchilla Pereira.

Allí se alza, ahora, la puerta. Está clavada en lo alto de una loma verde, rodeada de verderías, de cara al sol. Cada mañana el sol ilumina la puerta, y en la puerta el cartel que dice: Prohibido cerrar.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Reflexiones en torno a la terapia ocupacional y la salud mental

Si se efectuara un ranking con las preguntas que escuchamos los estudiantes y profesionales de Terapia Ocupacional, la que encabezaría la lista sería la consabida “¿Qué es la Terapia Ocupacional?”. Le seguirían: “¿Pero qué es lo que hacen los terapistas?” “¿En que lugares podes trabajar?” “¿Le buscan trabajo a los desocupados?” Y la lista seguramente podría continuar, a mi criterio, y llenar mucho más que estos dos renglones…

Pero me motiva hoy otro interrogante (aunque la reflexión no se agota en el mismo) que me tocó escuchar… “¿Por qué salud mental? ¿Por qué elegís/te gusta ese campo?” La búsqueda de una respuesta no deja de transportarme a mi historia, y a mi transcurrir por la carrera de Lic. en Terapia Ocupacional (camino no finalizado al día de la fecha).

Creo que en un principio de mi vida de estudiante, mi inclinación hacia la salud mental tuvo que ver ante todo con una curiosidad frente a lo desconocido, y poco más tarde, con un interés por participar en algo relacionado a lo que la mayoría de las personas teme o frente a lo cual siente impotencia, o vergüenza, o todo ello junto…la locura.

Hoy, en primer lugar, me interesa problematizar una cuestión, planteada por varios autores, por ejemplo Alfredo Moffat y Enrique Pichón Riviere. El loco, ¿quién es? ¿El que se sale del surco? ¿El que habla solo? ¿El que cambia de tema repentinamente en una conversación? ¿El que ve algo que no está? ¿El que llena el vacío escuchando voces? ¿El que inventa historias? ¿El que busca una explicación o un sentido de maneras diferentes a las de la mayoría de la gente?

De esta cuestión no da completa cuenta un manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales ni, en mi caso, una cátedra cuatrimestral dentro de una carrera de grado. Pienso que quedan por fuera del análisis aspectos que trascienden la mera etiología y sintomatología de una enfermedad. Me refiero a la singularidad de cada ser humano, a un punto de vista mas subjetivo, que haga referencia a la vivencia de padecer un sufrimiento psíquico.

Por qué salud mental…pienso que tiene que ver con la vocación por combatir de algún modo el sufrimiento, involucrarse, tomar partido, “hacer algo” por un otro que se encuentra desplazado de todo beneficio de vivir en sociedad, “los olvidados” de la misma. Se ignora de este modo que el loco sigue formando parte del entramado social, aunque más no fuera desde el interior de los muros de una institución y, en el mejor de los casos, desde el discurso de algún familiar o amigo que lo recuerda, lo nombra.

Si de “hacer algo” se trata, la Terapia Ocupacional (T.O.) viene en esta historia a tranquilizar a todos (profesionales de la salud, familiares de personas con sufrimiento psíquico y sociedad en general), ocupando a los locos, a los enfermos mentales, para que no molesten, para que hagan algo útil, para que estén entretenidos, para llenar sus horas faltas de sentido dentro de la institución…Me pregunto… ¿es ésta la Terapia Ocupacional que queremos o que pensamos los que nos encontramos formando parte de esta disciplina? ¿Y qué lugar le cabe a T.O. dentro del abordaje de personas con padecimiento psíquico? Sostengo y estoy convencida de que no podemos encontrar respuestas unificadas a estas preguntas, y es más que aceptable que así sea…esto da cuenta de la pluralidad de formas de hacer T.O. que existen...Continuara...

Presentacion


Hola a todos los que esten visitando este nuevo blog! Es una experiencia completamente nueva para mi, y decidi lanzarme a este experimento.
Aca van a encontrar pensamientos acerca de mi vocacion, Terapia Ocupacional, y tambien por que no, acerca de otros temas que me vayan surgiendo...vamos a ver que resulta!

Saludos! Sean bienvenidos!


S o l