Comparto con uds. un escrito de Liliana Paganizzi. Ojala les guste y sirva para pensar algunas cuestiones.
Los terapistas ocupacionales hemos ido ganando un espacio en los equipos. El primer lugar de reconocimiento sin duda tiene que ver con que “somos hábiles con las manos”, luego que Terapia Ocupacional es “el lugar donde los pacientes hacen cosas con las manos”. Esto es tan cierto como que escribo con la mano y camino con los pies. Pero en esta actividad, escribir, con mi mano, también esta la languidez, que luego fue dolor de cuello, está el pensamiento y las ideas en el qué y cómo escribirlo, está el para qué y el destino de lo escrito, que produce por cierto una emoción diferente a escribir una postal de vacaciones.
El qué hacer, cómo y para qué son interrogantes que aparecen en Terapia Ocupacional, abriendo múltiples espacios. Espacios donde el paciente podrá reconocerse o descubrirse en la relación con el material, el terapista, el grupo.
El material, esencia de la actividad, aparece como otro, distinto al sujeto, con un lenguaje propio, particular de lo inanimado, el material puede ser explorado, tocado, modificado.
En esta modalidad suelen aparecer propuestas inalterables, inalterables en tanto se quiera concretar una idea. La cerámica plantea un tiempo de secado que no es alterable por la posible ansiedad del que haya modelado. El tiempo externo se impone, se construye una pequeña historia, el ayer es distinto al hoy, aparece “¿cuánto tiempo tengo que esperar?”, “ ¿cuánto tiempo puedo esperar?”, “¿cuál es mi tiempo de espera?”. En relación al terapista puede aparecer cierta demanda: “¡Mire que quiero regalársela a mi hija esta tarde!”. El terapista puede conocer el tiempo de esa arcilla y a través de ella cómo juega el tiempo del paciente. En este juego de tiempos y diálogos, aparecen los monólogos: una pieza recién barnizada es llevada por una mano que chorrea barniz, por un cuerpo rígido de un sujeto que no puede esperar. Estamos tomando solo un aspecto del interrogante ¿cómo? Cómo interviene la función tiempo, tiempo propio, interno, y tiempo ajeno.
Aparece también la relación con el espacio, el espacio geográfico para ser ocupado, recorrido o ganado por la propia motilidad. La motilidad es un espacio propio para la modificación de materiales: de trozo de cuero a billetera, de trozo de madera a caja. Aparece nuevamente el dialogo, si antes miramos la función tiempo, ahora podemos mirarlo en términos de demandas motoras: fuerza en el sujeto y resistencia en la madera, control de la fuerza en tanto si es poca la madera no es cortada, si es mucha el material se rompe, el serrucho se traba.
La caja terminada, la billetera, la vasija seca plantean la distancia o cercanía entre lo que pensaba hacer y lo que realmente ha podido. La distancia entre la realidad interna y externa. La actividad es un medio, y a la vez un lugar generador de formas de expresión, comunicación y aprendizaje. Aprendizaje en tanto el paciente pueda conocer o reconocer algo de sí mismo. En este proceso interviene el terapista, observador y partícipe, haciendo una lectura de estos diálogos preguntando, interviniendo desde la palabra o desde la técnica, ofreciendo material para abrir el campo de la experiencia.
Así, pensar que en la realización de una actividad, en la construcción de un objeto concreto intervienen solo las manos del paciente seria tan ingenuo como pensar, que, cuando en otra época, el novio “pedía la mano” de la novia, el padre entregaba sólo la mano.
Si la “ buena integración empieza por casa” el planteo es que el paciente no “hace” en un lugar, “siente” en otro y “piensa” en los grupos psicoterapéuticos, sino por el contrario se juega un sujeto en su totalidad en todos los espacios posibles de ser abiertos por un equipo interdisciplinario.
En esa totalidad como sujeto, el paciente traerá maneras particulares, primacías de algún lenguaje como forma de expresar lo que le pasa.
Llega a la Institución, Psicoterapéutica, cuando ese soliloquio corporal, esa manera particular de lenguaje ha sufrido alguna ruptura. Desde un intento de suicidio, una crisis maníaca, una depresión intensa aparece una historia de 15 años de asma, 10 de jaquecas, no suele ser entonces éste el motivo de su llegada, sino aquel, el de la ruptura. Desde ahí empezamos: “yo con las manos no sé hacer nada”, “dígame qué hacer”, “¿qué puedo hacer:”, “¿qué quiero hacer?”, sí, también con las manos.
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